martes, 6 de mayo de 2025

Madres

 No sé qué clase de madre soy porque he pasado por una retahíla de ellas y ningún estereotipo podría definir tantas versiones en esta carrera metamórfica que es la vida, pero sé que no somos buenas madres solo por gestar, ni creo en la típica y tópica madre, techo de virtudes y en un pedestal.

Sé que he sido una madre lactante insomne y agotada,

una madre impaciente que necesitaba desconectar,

la supermami más guapa y sabia del mundo...hasta que son adolescentes y te vuelves una madre mortal, imperfecta y pesada que echa de menos más besos y abrazos y le sobran discusiones.

También he sido una madre profesora, exigente y exigible, que tuvo que aprender a respetar sus tiempos y aptitudes.

Hoy sigo siendo una madre rebelde y resignada, que le enerva la injusticia y le da pereza tanta estupidez,

una madre payasa y disfrutona que se toma en serio la vida,

una madre tierna y vulnerable que les escribe cosas,

una madre cool muy vintage que tararea coplas, lee con Bach y plancha con Leiva,

una madre sabelotodo, 

y una ignorante llena de curiosidad,

una madre gallina clueca, que necesita su espacio y su tiempo, 

una madre que consiguió ser más atrevida con sus miedos,

una madre hija agradecida, de memoria alegre y fuertes raices

una madre escéptica que reza sin rosario y sin dogmas,

y una madre de pies en tierra, que se escapa en sueños...

He sido y soy todas ellas y alguna más.

Y mis hijas multiplicaron esta letanía y mis afectos.

Han sido mi escuela, mi incertidumbre y mi esperanza.,

y a pesar de mis probables errores, ellas son lo mejor de mi vida.

Supieron volar y convertirse en dos mujeres valientes, fuertes, sensibles y tan maravillosamente imperfectas que han hecho de la palabra madre mi privilegio.




Desamor

 Se quedó sentada en el mismo borde del sofá, envuelta en la soledad de su bata,  como un personaje de Bergman,  azotando el aire para calla...