Querida lluvia:
Nunca llueves a gusto de todos,
pero cuando no destruyes, limpias,
y regalas trocitos de geosmina para este secarral de vientos áridos,
para sembrar jardínes de jacarandas y pensamientos,
para oler a tierra mojada,
y disfrutar de un paisaje en la memoria,
de katiuskas en charcos,
de manos y besos bajo un paraguas,
de una bocanada de aire limpio...
Porque somos hijos del agua, del aire y del sol,
y hemos precipitado este parto continuo de nubes negras con nombres, que dan vida y hacen llorar ríos.
Ojalá y cuando lluevas a cántaros,
se llenara el barro de pisadas buenas, sabías y valientes.






