Me indigna ver, de repente, tantos adalides preocupados por esa cárcel portátil y terrible que es el burka,
y me indigna porque, de algunos, ya sabemos y sufrimos sus ideas y sus políticas respecto a la mujer y a la violencia doméstica,
porque se respaldan y mantienen machirulos de bragueta floja en sus puestos,
porque se disputan un proteccionismo patrialcal, en un vulgar ritual de a ver quien la tiene más larga o más corta, según proceda,
porque pretenden utilizarnos como moneda de cambio y como trofeos quienes más nos ningunea y nos maltrata.
Dejad de hablar en nuestro nombre solo cuando se descubre el pastel y ya os habéis tomado una buena porción.
Estamos hartas de tantos hipócritas de libro que nos toman por tontas y, con no poca perplejidad, de tantas mujeres con actitudes machistas contra si mismas.
¡Queda aún tanto por hacer!






