Se quedó sentada en el mismo borde del sofá, envuelta en la soledad de su bata,
como un personaje de Bergman,
azotando el aire para callar el dolor de tanto desamor.
Alargó demasiado sus tiempos para no herir,
cuando la herida ya supuraba,
cuando a su corazón tendido al sol,
le habían arrancado un pedazo.
Nunca le dijo lo que sentía,
tampoco que lo sentía.
Ni un abrazo,
ni esa mirada,
ni la ternura,
ni una palabra más alta...
¡Ojalá! Mejor que este frío en pleno verano.
No está,
no estaba desde hacía tiempo.
El último lazo deshecho de una promesa compartida,
que ella creyó,
...en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad...
y no pudo cumplirse.
Y se siente una poquedad envuelta en culpas y miedos,
cansada de ser la hija sacrificada,
la madre 24/7,
y la esposa olvidada.
Y ahora no sabe a quién ni cómo decirlo,
ni resucitar sus flores agostadas.
Pero sanarás,
te lo prometo.
