Mi ritmo no es el del caracol,
soy de café y madrugadas,
y aunque parezca veloz,
no tengo prisa para dejarte de lado.
Disfruto del camino,
y a veces lo multiplico todo,
en un equilibrio de fuerzas sin paliativos.
Mi tristeza lleva patas y a mi alegría le crecen alas.
No hay una sin otra,
aunque el dolor sea menos tramposo.
Así de intensa voy,
para no perderme,
para no dormirme,
para no olvidarme y morir...
antes de morirme

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