Les debemos la vida,
pero nadie elige a los padres,
ni al azar del donde y del cuando.
Tampoco escogemos ángeles de la guarda,
ni ordenamos solsticios o equinoccios, ni polvo de estrellas al Universo.
Toca trabajar la suerte o la desgracia, quitarnos las malas pieles y vestirnos con la dignidad que cada ser merece.
Ese es el mérito.
Y no entiendo que alguien pueda cuestionar, castigar o menospreciar a quienes buscan su suerte desesperadamente.

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