No sabía que no habría mañana para ese amor,
que si se cruzaban ya irían desnudos
de juventud.
No sabía que existían el mundo y las horas,
las traiciones y los celos que apagan los rostros y encogen los ojos grandes, inolvidables y profundos de aquella magia.
No sabía si habrían soportado la rutina sin estropearlo,
ni que aquel pequeño universo cabría en una pompa de jabón.
Entonces, no lo sabía.

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